Y bastante. Porque, al igual que tú, sólo yo sé lo importante que eres para mí. Tú entraste a mi vida en un momento sumamente importante, difícil. Y me he encariñado contigo de una manera que nunca lo había hecho, de una manera irracional que no sé si me agrada porque no la entiendo. Yo no soy un tipo que exprese fácilmente sus sentimientos, y sí, la cagué al no decirte que estaba hasta la madre del pinche trabajo y que la cabeza me estaba estallando.
Hastiado de ti, no lo creo. En estos últimos meses has sido la persona a la que más tiempo he visto y a la que desearía ver en este momento, por la que quiero mandar todo a la verga y estar contigo. Pero eso no se puede, porque si voy contigo no te ayudaré en nada y eso no es lo que necesitamos.
Ayer en la noche que te leí, me dolió mucho lo de las vacaciones con o sin compañía. Sentí, en resumidas cuentas, una serie de madrazos en el estómago que no me latieron. Hoy no tenía por qué levantarme temprano, pero a las 7 estaba despierto empezando a escribir esto en mi cuaderno con yoghurt. Tengo mucho miedo de perderte, miedo que se acentuó desde aquél maldito día, el peor de mi vida. Pero ese viernes tú estuviste ahí para sacarle sonrisas a mi destrozado humor. Esa vez no creí reponerme hasta semanas después, pero, aunque sigo un poco triste, pienso que ya no me duele tanto. Y te lo repito, no soy un tipo sentimental, pero no tienes idea cómo aprecié el que me abrazaras, el que me secaras las lágrimas, el que lloraras conmigo. Y en el momento que escribo esto, me siento como una verdadera mierda por no caminar tres minutos para pagar esa puta hoja.
Y no hago esto para convencer a nadie, ni para pasar como el chico bueno. Yo no soy así, porque me recaga la hipocresía. Hago esto porque no tengo otra manera de sacarlo, y sí se queda adentro no me voy a poder quitar esta pinche cara de pendejo. Y desde hace unas semanas no he escrito nada bueno. Y en este momento no me siento ni inteligente, ni tranquilo, ni a gusto. Porque hice enojar a la persona a la que menos deseo hacerle daño.
No sé lo que vaya a pasar. Por el momento sólo me da vueltas la cabeza y se me hace que me voy a hacer bien guey para el trabajo de ahorita. Lo que sí sé es que te voy a ver mañana. No diré que haré todo lo posible por verte, pues eso sería someterme a una serie de sucesos que no puedo controlar. No, MAÑANA TE VOY A VER, no importa que te busque por la UAM, que tenga que ir a Tlatelolco o que tenga que comprar un boleto a Pachuca. Eso será lo de menos, porque, por lo menos en este momento, TÚ eres el tema central de mi agenda.
jueves 30 de julio de 2009
jueves 2 de julio de 2009
Récord, dos entradas en un mismo día. Aunque hice trampa porque sólo copié y pegué, pero bueno, el auto engaño funciona. Este es un cuento que hice el lunes como a esta hora y creo que se nota que los dos últimos libros que leí han sido de José Agustín y de Parménides García Saldaña. Me gustó la narrativa, pero creo que el cuento pudo haber explotado más en algún punto. Lo intentaré hacer la próxima vez.
Bueno, aquí estoy, en el lugar que menos me imaginé estar alguna vez. Todos me miran y me juzgan, aunque eso no es extraño para mí. Lo raro es que en este instante tengo personas que me apoyan: la mayoría son hipócritas, pero eso realmente no me importa. La sola sensación de que alguien confía en ti, de que alguien desea tu bienestar es algo de lo que he estado huérfana toda mi vida. Mi padre regresaba ebrio y con una nueva puta todas las noches, y le valía un carajo que yo tuviera buenas notas en las escuela. “Pues ojalá la huevona diera algo de dinero a la casa en vez de gastarlo en inútiles útiles escolares” le dijo a mi maestra de primaria la primera vez que lo mandaron a llamar por mis buenas calificaciones. La segunda se limitó a hacer muecas de desaprobación y aburrimiento, y a chingarse las galletas que daban en la ceremonia de premiación. La tercera simplemente no fue.
Sé que tengo madre por el hecho de que los hombres no pueden parir. La mujer que lo hizo se fue de la casa antes de que pudiera abrir mis ojos (físicamente, no como metáfora). Con semejante apoyo de quienes un viernes de calentura me concibieron, sólo pude cursar cinco años de primaria. Recuerdo que estaba enamorada de Omar, un niño del salón en mi último año. Omarcito nunca me hizo caso pero yo sentía amor hacía él: mmm… amor, a estas alturas de la partida esa palabra suena tan estúpida y triste que no sé por qué todas las canciones hablan de eso. Pero en ese entonces la estúpida yo, sentía el estúpido sentimiento de amor por el estúpido Omarcito. El idiota nunca me peló porque estaba apendejado por la ricachona del salón, una tal Carolina Villaquiensabequécarajos.
Perdí mi virginidad a los quince. En realidad fue bastante tarde puesto que todas mis amigas de la unidad la perdieron antes. Fue un sábado y había mucha lluvia. Me violó un amigo de mi papá. Suena a lugar común, esa historia se repite en muchas violaciones. La mía no fue la excepción. “El temible” entró a la casa buscando a mi papá pero sólo encontró a la sabrosa de su hija. Me imagino que el cabrón ya lo había hecho antes pues no noté ninguna expresión en su rostro. Simplemente me sometió, se bajó los pantalones y me violó. Tan fácil y sencillo. Tan culero e hijo de la chingada el Temible.
Me salí de la casa así nomás. Un viernes tomé mis posesiones más preciadas (un encendedor, mi pulsera morada, una foto del puto del Omarcito y todo el varo que le pude bajar a mi jefe) y me fui a la central camionera. Tomé el primero con destino a cualquieridiotalugar y me hice tres horas en llegar. Allí me esperaba nadie, la misma que me ha acompañado a todos lados. El primer día dormí en un quiosco. El segundo, en la cama del tipo con el mal aliento que me pagó mil varos por quedarme una noche en su casa. No estuvo tan mal, finalmente nada podría ser peor que lo del temible.
Descubrí que el sexo era un buen negocio y que yo, a mis 16, tenía extraordinarios dotes para ese mercado laboral. Empecé a trabajar como prostituta pero sin ningún padrote. Afortunadamente yo era, ¿cómo decirlo?, freelance. Encontré todo tipo de clientes: desde el joven que se quiere iniciar con la puta antes que con la novia, el empresario que ya se cansó de tirarse a la secretaria y busca otra cosa, el casado aburrido, o el viejo caliente que cree que todavía anda para esos trotes. Pero también encontré muchas críticas y miradas con el rabillo del ojo que decían “ya viste a la puta” o “Pobre niña, que dios la ayude porque yo no lo haré”. Fue ahí donde me puse a pensar ¿Tan malo es ser una prosti? No lo creo. Trabajo, ofrezco un servicio y cobro. Punto. ¿Hay algo de diferente con el carpintero que hace trabajos a pedido? ¿O con el maestro que da clases completamente ahuevado? ¿O con la compañía de luz? No, en esencia es lo mismo. Pero sí creo que hay de diferencia con un militar que mata sólo porque su superior le palmotea al culo y le ordena matar. O con los huevones rateros que con una pistola quitan el trabajo de todo un mes. O con el padrecito que se clava las limosnas “en el nombre de dios”. Ahh, claro, pero como la puta es ignorante, no tiene a nadie que la quiera, y seguramente es una loca adicta al sexo pues es el enemigo público número uno al que hay que juzgar, al que hay que, si se es un buen cristiano, darle caridad. El pedo es que la caridad siempre viene de arriba hacia abajo, y yo para nada soy inferior a esas personas. Si esto cambiara, dios se quedaría huérfano de diablo.
La cuestión económica iba bien. De eso no tenía problemas. Incluso me alcanzaba para ir a lugares medio mamones. En una de esas encontré al tipejo ese, entrajado, relamido, copetudo. Me vio, y cual si su pene fuera un imán y yo estuviera hecha de metal se me acercó con la mirada más lasciva que pudo echarme. Pensé en cantársela de una vez y cobrarle el doble de la tarifa, pero decidí aguantar. Me contó entonces que era un político de algún idiota partido. Yo fingí interés, pero la verdad sólo estaba mirando la horrible corbata que traía el tipo, era como de rayas en forma de Z y de colores chillantes, horrible. Total que me fui a la cama con el tipejo este, pero sin cobrarle un céntimo. El pago sería después.
Lo seguí viendo regularmente y un día en la cama, mientras se fumaba un cigarro, me preguntó si me gustaría ser candidata para diputada. Le respondí con un indiferente “Ya vas”.
Entonces vino toda la construcción de la campaña. Me tomaron fotos y me hicieron más linda que Farah Fawcett con el Photoshop. El voto que se quiso captar fue el de los jóvenes que votaban por primera vez, así que el lema de campaña fue “Que tu primera vez sea conmigo”. Me pareció mamón, pero creo que funcionó. A veces un par de senos pueden más que tres doctorados.
Ahora traigo un séquito de diez monos atrás de mí recomendándome qué hacer, cómo vestir o qué decir. Es algo raro, pero la compañía, aunque completamente interesada, es algo nuevo en mi vida.
Las encuestas dicen que le saco cinco puntos al segundo lugar. Quién lo diría, yo, la puta, a punto de ser diputada. Sorpresas te da la vida. Como sea, estoy segura que con cinco años de primaria soy menos pendeja que todos los otros políticos habladores. Así que, si no eres un imbécil, vota por mí. Que tu primera vez sea conmigo.
Bueno, aquí estoy, en el lugar que menos me imaginé estar alguna vez. Todos me miran y me juzgan, aunque eso no es extraño para mí. Lo raro es que en este instante tengo personas que me apoyan: la mayoría son hipócritas, pero eso realmente no me importa. La sola sensación de que alguien confía en ti, de que alguien desea tu bienestar es algo de lo que he estado huérfana toda mi vida. Mi padre regresaba ebrio y con una nueva puta todas las noches, y le valía un carajo que yo tuviera buenas notas en las escuela. “Pues ojalá la huevona diera algo de dinero a la casa en vez de gastarlo en inútiles útiles escolares” le dijo a mi maestra de primaria la primera vez que lo mandaron a llamar por mis buenas calificaciones. La segunda se limitó a hacer muecas de desaprobación y aburrimiento, y a chingarse las galletas que daban en la ceremonia de premiación. La tercera simplemente no fue.
Sé que tengo madre por el hecho de que los hombres no pueden parir. La mujer que lo hizo se fue de la casa antes de que pudiera abrir mis ojos (físicamente, no como metáfora). Con semejante apoyo de quienes un viernes de calentura me concibieron, sólo pude cursar cinco años de primaria. Recuerdo que estaba enamorada de Omar, un niño del salón en mi último año. Omarcito nunca me hizo caso pero yo sentía amor hacía él: mmm… amor, a estas alturas de la partida esa palabra suena tan estúpida y triste que no sé por qué todas las canciones hablan de eso. Pero en ese entonces la estúpida yo, sentía el estúpido sentimiento de amor por el estúpido Omarcito. El idiota nunca me peló porque estaba apendejado por la ricachona del salón, una tal Carolina Villaquiensabequécarajos.
Perdí mi virginidad a los quince. En realidad fue bastante tarde puesto que todas mis amigas de la unidad la perdieron antes. Fue un sábado y había mucha lluvia. Me violó un amigo de mi papá. Suena a lugar común, esa historia se repite en muchas violaciones. La mía no fue la excepción. “El temible” entró a la casa buscando a mi papá pero sólo encontró a la sabrosa de su hija. Me imagino que el cabrón ya lo había hecho antes pues no noté ninguna expresión en su rostro. Simplemente me sometió, se bajó los pantalones y me violó. Tan fácil y sencillo. Tan culero e hijo de la chingada el Temible.
Me salí de la casa así nomás. Un viernes tomé mis posesiones más preciadas (un encendedor, mi pulsera morada, una foto del puto del Omarcito y todo el varo que le pude bajar a mi jefe) y me fui a la central camionera. Tomé el primero con destino a cualquieridiotalugar y me hice tres horas en llegar. Allí me esperaba nadie, la misma que me ha acompañado a todos lados. El primer día dormí en un quiosco. El segundo, en la cama del tipo con el mal aliento que me pagó mil varos por quedarme una noche en su casa. No estuvo tan mal, finalmente nada podría ser peor que lo del temible.
Descubrí que el sexo era un buen negocio y que yo, a mis 16, tenía extraordinarios dotes para ese mercado laboral. Empecé a trabajar como prostituta pero sin ningún padrote. Afortunadamente yo era, ¿cómo decirlo?, freelance. Encontré todo tipo de clientes: desde el joven que se quiere iniciar con la puta antes que con la novia, el empresario que ya se cansó de tirarse a la secretaria y busca otra cosa, el casado aburrido, o el viejo caliente que cree que todavía anda para esos trotes. Pero también encontré muchas críticas y miradas con el rabillo del ojo que decían “ya viste a la puta” o “Pobre niña, que dios la ayude porque yo no lo haré”. Fue ahí donde me puse a pensar ¿Tan malo es ser una prosti? No lo creo. Trabajo, ofrezco un servicio y cobro. Punto. ¿Hay algo de diferente con el carpintero que hace trabajos a pedido? ¿O con el maestro que da clases completamente ahuevado? ¿O con la compañía de luz? No, en esencia es lo mismo. Pero sí creo que hay de diferencia con un militar que mata sólo porque su superior le palmotea al culo y le ordena matar. O con los huevones rateros que con una pistola quitan el trabajo de todo un mes. O con el padrecito que se clava las limosnas “en el nombre de dios”. Ahh, claro, pero como la puta es ignorante, no tiene a nadie que la quiera, y seguramente es una loca adicta al sexo pues es el enemigo público número uno al que hay que juzgar, al que hay que, si se es un buen cristiano, darle caridad. El pedo es que la caridad siempre viene de arriba hacia abajo, y yo para nada soy inferior a esas personas. Si esto cambiara, dios se quedaría huérfano de diablo.
La cuestión económica iba bien. De eso no tenía problemas. Incluso me alcanzaba para ir a lugares medio mamones. En una de esas encontré al tipejo ese, entrajado, relamido, copetudo. Me vio, y cual si su pene fuera un imán y yo estuviera hecha de metal se me acercó con la mirada más lasciva que pudo echarme. Pensé en cantársela de una vez y cobrarle el doble de la tarifa, pero decidí aguantar. Me contó entonces que era un político de algún idiota partido. Yo fingí interés, pero la verdad sólo estaba mirando la horrible corbata que traía el tipo, era como de rayas en forma de Z y de colores chillantes, horrible. Total que me fui a la cama con el tipejo este, pero sin cobrarle un céntimo. El pago sería después.
Lo seguí viendo regularmente y un día en la cama, mientras se fumaba un cigarro, me preguntó si me gustaría ser candidata para diputada. Le respondí con un indiferente “Ya vas”.
Entonces vino toda la construcción de la campaña. Me tomaron fotos y me hicieron más linda que Farah Fawcett con el Photoshop. El voto que se quiso captar fue el de los jóvenes que votaban por primera vez, así que el lema de campaña fue “Que tu primera vez sea conmigo”. Me pareció mamón, pero creo que funcionó. A veces un par de senos pueden más que tres doctorados.
Ahora traigo un séquito de diez monos atrás de mí recomendándome qué hacer, cómo vestir o qué decir. Es algo raro, pero la compañía, aunque completamente interesada, es algo nuevo en mi vida.
Las encuestas dicen que le saco cinco puntos al segundo lugar. Quién lo diría, yo, la puta, a punto de ser diputada. Sorpresas te da la vida. Como sea, estoy segura que con cinco años de primaria soy menos pendeja que todos los otros políticos habladores. Así que, si no eres un imbécil, vota por mí. Que tu primera vez sea conmigo.
De las sonrisas y el abrazo
Hsy un par de cosas que, o me encantan o me cagan: las sonrisas y los abrazos. Son cosas medio cabronas, porque a mí me gusta mucho abrazar, ese sentimiento de apretar y querer, de cerrar los ojos mientras presionas es algo en esencia muy chido, pero hay veces que todo se echa a perder. Lo mismo pasa con la sonrisa: a quién no le puede gustar eso. Es algo que haces cuando ríes, o estás contento. Claro que también hay de nervios, pero esa no cuenta, por qué?, porque yo lo digo.
Entonces si son tan chidos, ¿por que suelen echarse a perder? Pues porque hay que encontrar a la persona adecuada para hacerlo. Yo abrazo por compromiso muchas veces, en realidad más de las que yo quisiera. Sonrío menos, porque ésas las puedes evitar más facil.
Y luego viene la pregunta: ¿Cómo le hago para encontrar a alguien chido para abrazar y sonreír? Pues teniendo mucha suerte, ése ya no es mi problema. Yo ya encontré a quien y les juro que es inconveniente, tengo miedo de que me de una parálisis facial de tanto sonreir, o de no tener que abrazar en mi casa, pero mientras lo hago lo disfruto como hace bastante tiempo que no lo hacía. Les puedo decir que la sonrisa y el abrazo son dos de las cosas más chingonas que me he encontrado en este mundo percudido, contradictorio y baboso. Y a ti te doy las gracias por no hacer de la sonrisa y el abrazo algo percudido, contradictorio y baboso. Y todavía no encuentro algo que sea más la neta que tu ojo derecho.
Entonces si son tan chidos, ¿por que suelen echarse a perder? Pues porque hay que encontrar a la persona adecuada para hacerlo. Yo abrazo por compromiso muchas veces, en realidad más de las que yo quisiera. Sonrío menos, porque ésas las puedes evitar más facil.
Y luego viene la pregunta: ¿Cómo le hago para encontrar a alguien chido para abrazar y sonreír? Pues teniendo mucha suerte, ése ya no es mi problema. Yo ya encontré a quien y les juro que es inconveniente, tengo miedo de que me de una parálisis facial de tanto sonreir, o de no tener que abrazar en mi casa, pero mientras lo hago lo disfruto como hace bastante tiempo que no lo hacía. Les puedo decir que la sonrisa y el abrazo son dos de las cosas más chingonas que me he encontrado en este mundo percudido, contradictorio y baboso. Y a ti te doy las gracias por no hacer de la sonrisa y el abrazo algo percudido, contradictorio y baboso. Y todavía no encuentro algo que sea más la neta que tu ojo derecho.
viernes 26 de junio de 2009
Me tardé demasiado
Pues sí, la neta fue un retemontón desde que Naom me ayudó a hacer el blog (que por cierto gracias, cualquier queja, correo bomba, felicitación o donación también van para ella por la ayuda) y ahora voy a poner mi primera entrada.
Pues supongo que lo primero es la bienvenida. Hola. No soy muy expresivo para saludar, porque quedé bastante maleado cuando en la primaria nos obligaban a parar y saludar en tono robotizado. Como sea ya empecé y tengo que escribir de algo de interés... no, ni madres, son las 6 de la mañana y acabó de terminar mi tarea, así que voy a escribir cosas sueltas y ojalá alguien las agarré y las ponga en un orden. Suerte.
- Qué raro es escribir un blog. Es como pensar en voz alta y que un guey en una maquina de escribir pase todo a la computadora. Tantas operaciones en una.
- La tecnología no se me da. Mi messenger está en japonés por alguna culera razón y no he podido agregar a nadie en meses. El botón de encendido de la tele no sirve y para que cambie de canal tengo que darle un madrazo con mi rodilla (aunque leve, no fortísimo como la otra vez). Creo que mi ipod puede hacer más cosas que sólo reproducir música, pero me da hueva averiguarlas.
-Habrá alguien en el mundo a quien no le guste el mamey. Carajo, sería como encontrar una persona que adore el apio. O encontrar alguien que ame a cualquiera de los Bush. O alguien que prefiera la carrera de comunicación en CU que en la UAM. O alguien que no ame a Amelie (no esperen... esa no)
- Amo a Eduardo Galeano.
- Si alguien, por alguna razón, les propone hacer prácticas en Televisa Radio, denle un madrazo de mi parte. Te explotan, no te pagan y, cuando lamiste suficientes botas, te contratan por un sueldo mísero y no hay días de descanso. No, pensándolo bien, mejor que sean dos madrazos.
- Escribir cuentos es la leche. Escribir notas es como ver crecer el pasto.
- ¿Cuál es el gentilicio de las personas de Antigua y Barbuda? ¿Antiguos y barbudos?
- Busco, busco, y busco, y la neta todavía no he encontrado algo que sea más la neta que tu ojo derecho.
- Aquí iba a poner algo pero se me olvidó.
- Tengo unos tenices bien chidos. Tienen una pequeña abertura a los costados, lo cuál sirve como aeroventilas, las agujetas están amarradas por lo que son de quitar y poner, están un poco sucios, lo que les da mucha personalidad, son del mismo color (percudido) pero son de distintos modelos, y me hacen ser cuidadoso cuando llueve y se encharca porque si no se me mete agua a las patas. Y aún así, hay personas a las que no les gustan.
- No me agrada cuando alguien dice "gentes" o "de los ochentas". Tampoco cuando escriben tratando de encontrarle un puto sinónimo a todas las palabras para no repetir. Ni cuando tiran basura, ni cuando te empujan en el micro, ni cuando no están acostumbrados a decir groserías y se oyen tan mal cuando las dicen para tratar de quedar bien con alguien.
- Tú me agradas demasiado bastante.
Pues supongo que lo primero es la bienvenida. Hola. No soy muy expresivo para saludar, porque quedé bastante maleado cuando en la primaria nos obligaban a parar y saludar en tono robotizado. Como sea ya empecé y tengo que escribir de algo de interés... no, ni madres, son las 6 de la mañana y acabó de terminar mi tarea, así que voy a escribir cosas sueltas y ojalá alguien las agarré y las ponga en un orden. Suerte.
- Qué raro es escribir un blog. Es como pensar en voz alta y que un guey en una maquina de escribir pase todo a la computadora. Tantas operaciones en una.
- La tecnología no se me da. Mi messenger está en japonés por alguna culera razón y no he podido agregar a nadie en meses. El botón de encendido de la tele no sirve y para que cambie de canal tengo que darle un madrazo con mi rodilla (aunque leve, no fortísimo como la otra vez). Creo que mi ipod puede hacer más cosas que sólo reproducir música, pero me da hueva averiguarlas.
-Habrá alguien en el mundo a quien no le guste el mamey. Carajo, sería como encontrar una persona que adore el apio. O encontrar alguien que ame a cualquiera de los Bush. O alguien que prefiera la carrera de comunicación en CU que en la UAM. O alguien que no ame a Amelie (no esperen... esa no)
- Amo a Eduardo Galeano.
- Si alguien, por alguna razón, les propone hacer prácticas en Televisa Radio, denle un madrazo de mi parte. Te explotan, no te pagan y, cuando lamiste suficientes botas, te contratan por un sueldo mísero y no hay días de descanso. No, pensándolo bien, mejor que sean dos madrazos.
- Escribir cuentos es la leche. Escribir notas es como ver crecer el pasto.
- ¿Cuál es el gentilicio de las personas de Antigua y Barbuda? ¿Antiguos y barbudos?
- Busco, busco, y busco, y la neta todavía no he encontrado algo que sea más la neta que tu ojo derecho.
- Aquí iba a poner algo pero se me olvidó.
- Tengo unos tenices bien chidos. Tienen una pequeña abertura a los costados, lo cuál sirve como aeroventilas, las agujetas están amarradas por lo que son de quitar y poner, están un poco sucios, lo que les da mucha personalidad, son del mismo color (percudido) pero son de distintos modelos, y me hacen ser cuidadoso cuando llueve y se encharca porque si no se me mete agua a las patas. Y aún así, hay personas a las que no les gustan.
- No me agrada cuando alguien dice "gentes" o "de los ochentas". Tampoco cuando escriben tratando de encontrarle un puto sinónimo a todas las palabras para no repetir. Ni cuando tiran basura, ni cuando te empujan en el micro, ni cuando no están acostumbrados a decir groserías y se oyen tan mal cuando las dicen para tratar de quedar bien con alguien.
- Tú me agradas demasiado bastante.
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